Dos formas de decir “te quiero”

“Criar a un niño en más de un idioma lo confunde”.

“Criar a un niño bilingüe provoca retrasos en el habla”.

“Los niños bilingües terminan mezclando dos idiomas”.

“Es demasiado tarde para criar a tu hijo bilingüe”.

“Los niños son como esponjas y serán bilingües sin esfuerzo en muy poco tiempo”.

nuestros libros reflejan la pluralidad lingüística

Estas son cinco afirmaciones que los padres de niños bilingües tenemos que escuchar de vez en cuando. Lo  he encontrado revoloteando por internet, en un artículo escrito para la web Babycenter, bajo el título “Los cinco mitos más comunes de criar niños bilingües”. Puedo asegurar que yo he escuchado las cinco y algunas más, y no he hecho caso de ninguna, afortunadamente.

Cuando mi pareja y yo nos quedamos embarazados, tomamos la firme decisión de educar a nuestros hijos en un ambiente de pluralidad y tolerancia, y en convivencia con dos idiomas: el castellano y el francés, precisamente para incrementar aún más la diversidad en nuestro hogar y con miras al mundo exterior y al futuro.

No fue una decisión tomada a la ligera ni por esnobismo. Mi marido se crió en Francia y el francés es su lengua materna; gran parte de su familia es francesa y vive en Francia o en países francófonos. Como la vida nos daba esta oportunidad de ser padres y  además la herramienta de dos idiomas, escogimos para nuestros hijos esta forma de crianza: yo siempre les hablo en castellano, papá siempre en francés, y esto es así desde que estaban en mi vientre.

El camino no es fácil, porque no todo el mundo comprende qué estás haciendo con los niños; la propia familia en muchas ocasiones no ayuda, unos por incompresión y otros por pereza. Hemos encontrado amigos que nos decían que los íbamos a confundir y otros que se han reído de nosotros, pensando que esto es una idiotez sin fundamento y sin más sentido que hacernos notar en público. Bueno, yo he procurado ser respetuosa con sus opiniones y no opinar a mi vez cuando los escuchaba hablarles a sus hijos mal, llamando “pipi” al pájaro o “tete” al chupete o cualquier otro eufemismo o palabra ridícula en la falsa creencia de que un bebé es un ser lo sufientemente estúpido como para ser incapaz de entender y estructurar un lenguaje correcto y bien pronunciado.

En el otro extremo de la cuerda de aportaciones educativas estaban los pediatras de nuestros hijos, que han aplaudido nuestra decisión y nos han alentado con un soporte científico y casi yo diría emocional, al decirnos que el cerebro de un niño está dispuesto a comprender, aceptar y asimilar más de un idioma desde el mismo momento del nacimiento. Y también estaban los amigos aperturistas, que nos han felicitado por nuestro tesón y por tener esta oportunidad única de transmitir a nuestros hijos dos lenguas.

Pero como en todo lo que se refiere  a los niños, cuando uno decide algo tiene que ser con firmeza y nosotros dos estábamos muy seguros de que esta forma nuestra de enfocar su educación iba a beneficiarles más que a perjudicarles. A veces papá se cansaba de ser el único en casa que les hablaba en francés; ahora a veces yo hablo con mis hijos en francés porque soy la única en casa que habla en castellano todo el tiempo. No es fácil, como digo, y también es cansado; conocemos a otros amigos que lo han intentado y han tirado la toalla por agotamiento. Al principio, además, es difícil saber si lo que haces sirve de algo: primero porque los bebés no hablan hasta cerca de un año de edad, después porque ves que te entienden, pero no te contestan en el idioma en que les hablas y esto puede desanimar. Los frutos son un poco más a largo plazo, pero no más allá de la edad de año y medio o dos años.

De las cinco afirmaciones con que he empezado esta entrada tal vez la que más gracia me hace es la de que criar a un niño en más de un idioma le provoca retrasos en el habla. Para mí que quien inventó esta idea era alguien que suspendía sistemáticamente la asignatura de lengua extranjera, incluso de lengua propia. Creo que esto dependerá del dominio que tengamos del idioma: llamar a un abuelo “lelo” no demuestra mucha pericia. Tal vez esto les retrase más, ¿no? Desde luego no puedo generalizar, pero en nuestro caso, nuestros hijos, los dos, hablan un castellano correcto y un francés bastante rico, a pesar de que hace sólo un año que nos hemos trasladado a Francia. De hecho, la maestra de nuestro pequeño Ariel, de tres años de edad, ha resaltado que posee un vocabulario más extenso que el resto de sus compañeros, que son franceses. Los padres de estos mismos amigos de clase están sorprendidos de que Ariel construya frases compuestas, con oraciones coordinadas y subordinadas en un francés impecable. Ha superado, antes que sus coetáneos y sin que hayamos sido conscientes, la etapa de la holofrase, común a todos los niños pequeños, en la que utilizan una sola palabra para construir toda una idea, y, así, por ejemplo, Ariel no dice “agua” cuando la necesita; Ariel dice “tengo sed, por favor, ¿me puedes dar agua?”.

Tampoco estoy del todo de acuerdo en que mezclen los dos idiomas aleatoriamente o por error.  Abril, que tiene 7 años, es capaz de hablar en ambos idiomas sin mezclarlos en la conversación, y cambiar de interlocutor y, con ello de lengua, sin esfuerzo. A su corta edad, ya lee con mucha soltura tanto en castellano como en francés, y lo que más destaca en sus notas es que las calificaciones más sobresalientes están en el campo de la lectoescritura. Ella corrige mi pronunciación y hace traducciones simultáneas con los dibujos animados. También son capaces de mezclar los dos idiomas y de crear palabras nuevas, pero a modo de juego y de forma totalmente voluntaria, lo que no deja de ser una muestra de la capacidad de inventiva que tienen los niños y de lo positivo que puede ser dotarles de otro juguete, esta vez intangible, como es la lengua.

Me reafirma de una manera bastante empírica en que un niño bilingüe no tiene un retraso en el habla. Al contrario, disponen de una herramienta de comunicación más rica. Por si fuera poco, los dos han empezado a aprender inglés en la guardería, a partir de los dos años, y la facilidad con que manejan las palabras nuevas en inglés es asombrosa.  Es una lástima que este aprendizaje de una tercera lengua se vea ahora en suspenso porque el programa educativo francés no contempla como asignatura la lengua extranjera hasta una edad mucho más avanzada, al rededor de los 8 o 9 años.

En cuanto a lo tarde que puede ser para un niño aprender un segundo idioma, nada más lejos de la realidad. Es cierto que es tremendamente natural si lo aprende de 0 a 3 años y que su capacidad cognitiva está en inmejorables condiciones para hacerlo, pero hasta los 10 años, según los expertos, es posible. Es importante, creo yo, que seamos capaces de dominar ese idioma que queremos enseñarles. En nuestro caso, es papá quien les habla en francés porque mi acento español dificulta mucho un aprendizaje correcto en esta lengua; creo que no basta con tener léxico, hay que saber pronunciar y entonar de forma nativa, poseer un amplio repertorio de giros coloquiales y de argot, y no sólo conocimientos académicos. Los niños no aprenden las cosas a golpe de pizarra y lápiz, no es lo mismo aprender un idioma como un adulto con la analítica y la gramática por delante, que como lo hace un niño, “a golpe de oído”, como el que aprende una canción. La segunda forma siempre será más eficaz, atractiva y productiva.

Un poco de hilaridad me produce la expresión  “los niños son esponjas” o “lo aprenden todo rápidamente” o “los niños se adaptan a todo”, expresión que los mayores hemos hecho extensiva a todo cuanto acontence en el entorno infantil. Cuando nos trasladamos el año pasado a otro país nos daba bastante miedo que nuestros hijos no lo pasaran bien del todo. Supongo que en un intento de consolar, casi todo el mundo nos decía y aún hoy nos dice eso de “los niños son impermeables, les afectan menos los cambios que a nosotros”. Esto es una gran mentira de la que puedo dar fe. Los niños encajan los cambios, por pequeños que sean, con bastante dificultad, otra cosa es que sepan expresar lo que les pasa, y otra aún más distante de la realidad, que nosotros seamos capaces de percibirlo. Los niños reaccionan a los cambios, les cuesta adaptarse; encima nadie les pide su parecer y tampoco nos entretenemos en explicarles ciertos “porqués” de la vida que les atañen muy directamente. Un niño se estresa mucho más ante los cambios que un adulto, porque no los entiende, y esto les genera una ansiedad enorme. Cambiar de país y de idioma, de casa, de colegio, dejar de ver a la familia, a los amigos, los lugares de juego, no ver el sol en meses, cambiar de agua, de dieta, de horario…. ¡Cómo no les va a afectar! Según los psicólogos una mudanza es el segundo factor desencadenante de estrés más importante, tan sólo por detrás de la muerte de un ser querido.

Todo les afectó, ya lo creo, pero lo que menos fue el cambio de idioma, porque en realidad, para ellos no ha habido tal cambio en sí, es sólo que antes todo el mundo les hablaba en castellano salvo papá, y ahora todos les hablan en francés excepto mamá.

Yendo más allá, pienso que hablar más de un idioma les dota de una herramienta muy útil, cual es poder expresar la misma idea de distinta forma, ver más de una solución a un solo problema, encontrar sin esfuerzo la manera de comunicarse con todo el mundo; esto ayuda a adaptarse a un entorno desconocido. Es mucho más que un útil lingúístico.

Pero a esta facilidad para manejar dos lenguas no han llegado nuestros hijos por osmosis. No pensemos que porque un niño tiene un entramado de neuronas por estrenar no tiene que poner de su parte. Ponerles un libro de sintáxis francesa en la cabeza cuando duermen no sirve de nada, ni ponerles dibujos animados en otro idioma, hay que seguir unas pautas constantes y no claudicar ante el desánimo. Detrás de este logro de nuestros hijos hay mucho, pero que mucho trabajo de los cuatro y mucha perseverancia de sus padres; detrás de esta determinación de los padres hay mucho, pero que mucho esfuerzo y paciencia de nuestros hijos.

¿Cuál es la clave para conseguirlo? No sabría decirlo, pero lo que sí sé es que la forma de aprendizaje tiene mucho que ver y debe ser siempre positiva y enfocada a conseguir algo que estemos convencidos de que es bueno. Sin convencimiento no hay nada. Y además, sin diversión, tampoco. En cualquier aprendizaje lo que nos rodea es vital, y lo que nunca ha dejado de rodear a nuestros hijos es la disposición de sus padres a acompañarles y escucharles, a respetar su ritmo y a animarles a crecer en libertad.

Finalmente, sí ha sido positivo, ha sido bueno y estamos contentos y orgullosos, porque más allá de poder hablar en más de una lengua siendo tan pequeños, está la realidad de que son capaces de aceptar las diversas realidades que coexisten con nuestra propia realidad. Nuestros hijos conviven a diario en el cole y en la ciudad con otros niños de muy diferentes nacionalidades, tienen compañeros de otras etnias a quienes sus padres les hablan también en otros idiomas y esto, para todos ellos, es la normalidad.

Me encanta pensar que mis hijos ven en la pluralidad, la normalidad y en  la igualdad, la naturalidad; me gusta saber que son tolerantes porque sí, no porque les digamos que es como hay que ser, eso sería impositivo. Ellos juegan con todos los niños y se pelean también con todos si hay desacuerdo; simplemente, actúan como niños, pero como niños sin corsé ideológico, como niños que puede relacionarse en amplitud con los demás. Tenemos tanto que aprender de los niños que, como poco, estamos obligados a enseñarles todo lo que sabemos y entre lo mínimo está a comunicarse.

Me encanta poder escuchar de mis hijos cada noche: “Mamá, te quiero, maman je t’aime”, de manera indistinta, pero sincera, siempre.

6 pensamientos en “Dos formas de decir “te quiero”

  1. B

    Me encanta oír a Abril hablar en francés. Pienso que nadie tiene derecho a cuestionar las decisiones de los padres respecto a sus hijos y, mucho menos, a presionarlos. Yo he sufrido esto con la lactancia materna y sé lo que es. En mi opinión, estáis ayudando a vuestros hijos y a su cerebro, me parece una estimulación magnífica y pronto habéis encontrado utilidad a su conocimiento de las dos lenguas. Y lo de que te quieran doblemente debe ser estupendo. Felicidades. Un beso.

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    1. Paloma Autor

      Que te quieran es realmente estupendo. De acuerdo contigo en la idea del respeto hacia los padres y su labor. Nadie nace sabiendo y todos erramos, y ¡pobre del que no!, significará que no lo ha intentado. En cuanto a la lactancia ya sabes, me declaro abiertamente lactivista, pero considero que es saludable, beneficioso y libre; Ariel todavía lacta. Eso sí, quien no quiera, también puede, y no por ello será peor madre.
      Un besazo, mamí.

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  2. darzee

    Como iba a pensar yo en 2009, cuando escribí este articulo que nuestros hijos iban a necesitar tan pronto esta inmersión lingüística.

    Enfin, amor, que me encanta tu articulo. Que yo escribí el mio tratando de ser objetivo y el tuyo habla del mismo tema pero con una implicación emocional que solo se puede encontrar aquí en la Rebelión de los Cocolines.

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  3. Daniel

    Me ha encantado el artículo. Y no tanto por todo el tema del bilingüismo, en el que estamos completamente de acuerdo, sino por lo emocionante de todo lo que cuentas, por el orgullo y el amor que se nota en cada frase. Un beso a todos de Nikita, Joy y un servidor 🙂

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    1. Paloma Autor

      Bueno, Daniel, vosotros también tenéis mucho que aportar a esta opinión mía, porque estáis en un proceso muy similar. Sinceramente creo que es un buen regalo para nuestros hijos y requiere de fortaleza para luchar contra el cansancio pero, sobre todo, contra todo el que se empeña en desanimarnos. Un beso para toda la family.

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