Flores prestadas para San Valentín.

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Hay trescientos sesenta y cinco días en el año para amar y demostrar afectos,  sin esperar al 14 de febrero.  Así es como yo lo veo,  de la misma forma en que se vive día a día.  Pero no hay nada de malo en realzar uno en  el calendario para convertirlo en especial y es un buen momento para que los niños comprueben que decir y escuchar las palabras “te quiero”  es muy recomendable,  reconfortante y fundamental para nuestro equilibrio,  nuestra inteligencia emocional y nuestro bienestar. 

Mi padre siempre decía que San Valentín es una fiesta creada para hacerle negocio a “El Corte Inglés”  y no le faltaba razón.  Indagando en el origen de esta celebración,  he encontrado una publicación en la Wikipedia según la cual en España se introdujo a mediados del siglo XX como medio de promoción y fomento de la compra de regalos en grandes almacenes,  especialmente,  en Galerías Preciados,  casa comercial de moda en aquella época.  Y puede que éste sea el motivo por el que tiene tantos partidarios a los que les encantan los escaparates de corazones luminosos y la excusa para ir de restaurantes,  como detractores a quienes la idea resulta ordinaria,  consumista e infantil.

Al margen de la finalidad librecambista,  lo cierto es que la historia de San Valentín y de cómo llegó a erigirse en patrón de los enamorados no deja de ser romántica.  Sacerdote en la Roma del siglo III bajo el mandato del emperador Claudio II,  celebró nupcias clandestinas entre parejas de jóvenes novios,  en contra de la política y los decretos que prohibían los casamientos de varones jóvenes en el convencimiento de que los compromisos maritales y paternales les abstraerían del buen cumplimiento de su deber en la guerra.  Como gozaba de renombre en Roma fue llamado ante el emperador  y,  aunque en un principio pudo incluso aprovechar para hacer proselitismo cristiano,  finalmente por influencia del gobernador romano fue encarcelado y ejecutado el 14 de febrero de 270.

La realidad es que este “Día del Amor”,  “Día de la Amistad”  o “Día de los Enamorados”,  como se le conoce en función de cada sitio,  se celebra en muchos países del mundo.  Y el modo en que se rememora es similar en casi todos ellos: tarjetas,  rosas rojas y bombones,  es el denominador común.

Aparcando la práctica del “shopping”  compulsivo o necesario,  como algunos lo consideran,  no deja de ser hermoso destacar un día del año con un detalle especial.  Como muchos de vosotros,  tal vez la mayoría,  también soy de la opinión de que para amar,  querer,  mostrar aprecio y  ternura disponemos de 365 oportunidades al año, al igual que pienso que para ejercer la bondad no es preciso esperar a Navidad. Añado,  además,  que las personas sin pareja no tienen que ser excluidas de “la San Valentín”,  porque el amor adopta más de una forma.  De hecho,  a mis niños les encanta este día,  porque es imprevisible,  sorprendente y,  como ellos mismos dicen, “trop mignon”.

Para mí y mi familia no es un día de fiesta,  de hecho,  es un día más,  pero algunas pinceladas tangibles de nuestro cariño lo convierten en diferente,  divertido. Por eso,  en este post quiero contaros pequeños secretos de ternura que no cuestan trabajo ni dinero,  y,  sin embargo,  confirman a esa persona que a menudo o siempre nos acompaña : “Sabes,  tengo que decirte que te adoro”. Son excusas chiquititas para hacer la vida más amable.

Desayunos sugerentes.

¿Y si la tostada de la mañana,  en lugar de ser el cuadrado cotidiano de pan de molde la recortamos con forma de corazón?
¿y si,  en lugar de untarlo sin más,  ponemos ese corazón de mermelada en el centro del pan?
Una flor en agua,  una frase escrita a mano en un papel,  unos pequeños corazones de papel  escondidos en la servilleta… 
Estos trucos puedo asegurar que transforman las caras de sueño en sonrisas de complicidad y cargan las pilas para afrontar la jornada por ardua que se presente.

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Coste: 0 €;  tiempo invertido : menos de dos minutos por gesto; contraprestación: alegría para ambas partes.

Las flores.

Un clásico modo de expresar amor,  y aún más clásico si son rosas rojas.  Algo que a todo el mundo agrada,  sin duda,  salvo a alérgicos,  amargados o seres raros. 
Pero esto que es tan tradicional,  a mí personalmente,  me aburre,  y no soy alérgica ni estoy amargada; simplemente me han malacostumbrado y me han vuelto rara.
Cuando mi hija nació y me estrené en el oficio de madre,  el papá de la criatura no encontró ni un hueco libre para traerme unas flores; exceso de preocupación por acompañarnos,  por acoger a quienes nos visitaban,  por atender llamadas,  requerimientos del trabajo o la familia,  nervios…  Al fin y al cabo,  él también se estrenaba en su oficio de padre.  Cuando supe que estábamos embarazados de nuestro hijo,  mi mensaje de texto fue algo así como “la vida te da una segunda oportunidad para traerme flores al hospital”.  En esta segunda ocasión tampoco compró flores,  simplemente,  acompañó a nuestra hija de tres años en la tarea de formar un ramo con las más lindas flores silvestres que encontraron en los jardines que rodean la Maternidad. Y éstas serán,  junto a las que mis hijos me dibujan o crean con sus manos,  las flores que siempre recordaré como las más frescas,  las más escogidas,  las más “para mí”. 

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Aún las conservo secadas entre las páginas del libro que estaba leyendo.

No tener dinero ni tiempo no impide dibujar una flor; no tener dotes artísticas no es óbice para “robarla”  de un jardín público al más romántico estilo Robin de los Bosques. Al fin y al cabo,  no es más que una falta,  poco penada y cometida con atenuante.

Coste: el del un papel o el de una eventual y más que improbable multa .  Tiempo invertido : depende de la maestría del dibujante o del corredor en caso de tomarla prestada de la vía pública. 
Contraprestación: eterno reconocimiento a la valentía y a tu capacidad de riesgo.  Bonito recuerdo asegurado para el futuro.

Tarjetas con promesas.

Las primeras tarjetas de San Valentín que he  hecho en mi vida no han sido para un amor,  un novio,  un amigo o mi marido.  Mis primeras tarjetas fueron las que hice con Abril para regalar a sus amigos del cole.  Tan sencillas como doblar un trozo de cartulina roja por la mitad, recortarlo en forma de medio corazón y meterles dentro corazoncitos de papel regalo o papel plata,  con estarcidos de témpera hechos con ayuda de un viejo cepillo de dientes y un mensaje muy concreto : te quiero. Tan efectivas que esos mismos niños siguen siendo sus amigos tres años después,  sus mejores amigos,  a pesar de la corta edad,  a pesar de los dos mil kilómetros de distancia que los separan de ella.  Cuando Abril tenía cuatro años regaló unas tarjetas hechas con todo su amor y recibió a cambio amistad sincera.

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Coste: según materiales empleados y mucha imaginación,  pero en cualquier caso poco;  hablamos de materiales que solemos tener en casa,  reciclables o recuperables. Tiempo invertido : media hora si el cariño es moderado y una tarde si amamos con locura.  Contraprestación: besos,  besos y más besos y,  si es una tarjeta de amistad,  fraternidad inquebrantable.

Luz de velas.

Todos tenemos velas en casa.  Es el momento de cenar lo de siempre,  sin gastos extras,  pero con luz de vela.  ¡Todo sabe distinto a la luz de las velas!  Por supuesto,  la cena puede ser más exquisita,  puede ir acompañada de un  vino,  pero para que sea especial no es preciso.
Se puede decorar cualquier clase de plato del modo más romántico que se pueda imaginar y da igual que se trate de unas salchichas de lata atravesadas por las flechas de Cupido o de una langosta termidor.  Pétalos de flor en la ensalada,  cubitos de hielo con una fresa congelada en su interior para refrescar la bebida de una forma original,  algún adorno en la mesa,  cubiertos, copas,  servilletas o manteles de esos que en todas las casas se reservan para solemnidades….  ¡ Desempolvad eso!, que si no se utiliza ahora corre el riesgo de convertirse en reliquia o en tesoro de nuestro enterramiento egipcio o,  peor aún,  pasto de los juegos de nuestros futuros hijos o nietos.

El resultado es el mismo si hay velas y el ingrediente especial que cada uno aportamos al otro.  La cena irá del mismo modo al estómago y nos va a alimentar igual,  lo importante nunca estará en el plato. No hay excusa que valga para no tener una cena de enamorados,  salvo la falta de interés en ello.

Coste : según el nivel de “sibaritismo” de cada cual.  Tiempo: según ese mismo nivel de exquisitez.  Contraprestación:…. Cuesta imaginar no obtener éxitos con esta astucia.

Música.

Un momento de detenimiento al día y la canción favorita de esa persona,  o la de la pareja.  ¿Bailamos?  Y ya ha obrado la magia.  El  día termina de un modo distinto.  Ha sido especial.

Coste: menos consumo de luz que cuando nos secamos el pelo con secador esta mañana. Tiempo: dos minutos.  Contraprestación: un baile.

Palabras.

Si existe algo en este mundo capaz de conmover,  provocar y remover,  eso son las palabras.  Del mismo modo que duelen más que un puñal,  pueden sanar cualquier herida,  pueden consolarnos,  pueden hacernos importantes o desgraciados. 
Muchas veces y  a muchas personas les cuesta expresar lo que sienten,  no lo hablan,  no lo hacen salir de su corazón y así,  lo malo se enquista y lo bueno deviene estéril porque a nadie aprovecha. 

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Cuando no puedo hablar o tengo miedo a hacerlo torpemente,  escribo.  “La literatura es la pintura de las palabras”,  decía con acierto Voltaire.
Un poema propio o copiado,  un deseo para el ser amado o la remembranza de un recuerdo común,  la descripción de un sentimiento,  una comparación de sensaciones,  un simple beso estampado en papel con carmín de labios….  Hay muchos recursos literarios a nuestro alcance y con Internet aún más.  Un simple papel enrollado y atado con una cinta,  estratégicamente colocado bajo la almohada,  dentro de un bolso,  en el libro que lee antes de dormir, junto al bote del café, puede desencadenar una reacción sorprendente y grata en las personas que queremos.

Coste: 0 €.  Tiempo invertido: ni cinco minutos.  Contraprestación : la dicha del otro.

Podemos celebrar San Valentín por todo lo alto,  con toda pompa y parafernalia,  gastar medio sueldo. ¡A lo grande!

Podemos no celebrar nada y seguir con nuestras rutinas que  nos hacen sentir cómodos y seguros.  El amor se puede festejar cada minuto de cada día y no sólo en una fecha puntual.

Lo que no podemos hacer es lamentar no poder celebrar algo por falta de tiempo y dinero.  Esto son excusas vanas.

Para tener un día especial, para hacer que alguien se sienta único,  no hará falta que sea 14 de febrero,  pero sobre todo,  no hace falta ser rico,  imaginativo o tener todo el tiempo libre del mundo.
Lo único necesario es el amor y el convencimiento de que es bueno,  para nuestro espíritu,  nuestra salud y los seres que nos rodean,  expresar lo que sentimos y,  aún más,  si son sentimientos positivos.  Amar es muy bueno,  expresarlo es imprescindible: resuelve enfrentamientos, evita confusiones,  estrecha lazos,  fortalece relaciones y reafirma la autoestima propia y ajena.

Para otros las ostras,  las perlas y los diamantes de gran tamaño ; yo me quedo con mis flores silvestres prestadas y las cartas de amor de los seres que habitan en mi corazón y que alimentan mi alma.

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