Archivo de la etiqueta: educación

Cuadernos de vida

Hoy os traigo un libro que viaja y un cuaderno con vida propia. Dos ideas parecidas y al mismo tiempo diferentes, pero ambas maravillosas.

Libro Viajero, clase de de 3 años de Infantil

Libro Viajero, clase de 3 años de Infantil

Cuando comenzaron las vacaciones de primavera, Ariel trajo a casa su “Cahier de Vie” o Cuaderno de Vida, y ahora lo ha llevado de vuelta al cole al retomar las clases.

Y esto del Cuaderno de Vida ¿qué es?

A principios de curso, la maestra proporciona a cada alumno de la Moyenne Section o Sección Mediana (equivalente a la clase de 4 años en la Educación Infantil española), un cuaderno en el que irán recopilando las distintas cosas que van aprendiendo, experimentando, celebrando…. Lo mismo hay una foto de los personajes de la Divina Comedia de Dante, que una receta de la galette des Rois; puedes encontrar desde fotos haciendo un experimento para descubrir por qué las hojas verdes de los árboles cambian al color rojo o marrón en otoño, hasta las frases con las que los niños han expresado previamente a qué creen que se debe este fenómeno; vemos en el cuaderno de Ariel canciones, poesías, imágenes de obras de arte, características de los alimentos saludables que cada viernes prueban… Hay un poco de todo y resulta muy interesante observar cuántas cosas han visto ya y qué variadas son.

Cuaderno de Vida: Fiesta de Halloween

Cuaderno de Vida: Fiesta de Halloween

El cuaderno viene a casa para las vacaciones, que en Francia son cinco: otoño, Navidad, invierno, primavera y verano. Y entonces nos toca a los papás y mamás ayudar a nuestros hijos a seguir completando su cuaderno con experiencias de sus vidas, con las cosas que hacen y aprenden fuera del colegio.

Por esta razón se llama “cuaderno de vida”. Muestra las vivencias de nuestro hijo, pero también el cuaderno en sí está vivo y no para de crecer. El de Ariel, en particular, no deja de engordar y la maestra va a tener que obrar milagros para poder incluir más temas.

Esta iniciativa nos encantó desde el primer momento. Interesados como estamos en el crecimiento en positivo de nuestros hijos, y como miembros realmente activos y participativos de su escuela, no podíamos dejar escapar esta oportunidad de involucrarnos en el proyecto. Y nos tiramos al barro.

Ya disfrutamos de algo similar cuando Abril comenzó el colegio en España y su “seño” de Infantil nos explicó a los papás y mamás la idea del “Libro Viajero”. Este era un cuaderno que los viernes iba pasando de un compañero a otro para que durante el fin de semana, en familia, abordáramos un tema a propuesta de la maestra, tales como “Por qué me llamo así” o “Este es mi cuarto”.

Entre una y otra idea, ambas muy bonitas, hay diferencias. Mientras que el Libro Viajero termina siendo el trabajo en equipo de toda la clase en el que cada chico aporta su contribución, el Cuaderno de Vida es un compendio de experiencias personales del niño.  El Cuaderno de Vida constituye un tesoro para la niña o el niño; el Libro Viajero un recuerdo que quedará en el colegio y que versa sobre una clase  concreta de niños y niñas y durante un curso determinado.

Cuaderno de Vida: visita al Moulin Amour

Cuaderno de Vida: visita al Moulin Amour

Puede parecer que el Cuaderno de Vida, al ser un batido hecho de ingredientes personales es completamente individual y sólo alimentará a su protagonista.

Cuaderno de Vida: un día en la playa de Cabourg

Cuaderno de Vida: un día en la playa de Cabourg

Esto no es del todo así. Es verdad que cuando el curso termine, Ariel traerá de vuelta, esta vez para siempre, su Cuaderno. Pero cada vez que lo lleva al cole, hace una exposición sobre las actividades realizadas en tiempo de vacaciones delante de sus compañeros y su maestra, lo cual también le ayuda en el campo de la comunicación y la sociabilidad y constituye una divertida herramienta para que el pequeño crezca en este sentido, mejore su vocabulario y expresión y adquiera destrezas y habilidades orales. Por otro lado, la mayor parte de su contenido ha sido compartido y vivido por todos en el momento en que han realizado cada actividad o experiencia en el seno de su aula.

El hecho de no poder disponer más que de una o dos caras de un folio para explicar todo lo que nuestros pequeños aprenden y hacen  en casa, ha hecho exprimirnos al máximo las ideas y así, al mismo tiempo que ellos han probado algo nuevo, nosotros también hemos aprendido cosas. Como….

Libro Viajero: Por qué me llamo así

Libro Viajero: Por qué me llamo así

… a poner elementos que animen una página con movimiento: una araña colgada de su tela en una esquina o una lengüeta que hace aparecer o desaparecer a nuestra pequeña Abril dentro de una florecilla o a un gusanito sobre una hoja…

Cuaderno de Vida: Navidad 2.013

Cuaderno de Vida: Navidad 2.013

… a añadir notas de color, de brillo, de purpurina, de guirnaldas o confeti para tener la fiesta de Navidad a la vuelta de la hoja…

Cuaderno de Vida: Año Nuevo y Día de Reyes

Cuaderno de Vida: Año Nuevo y Día de Reyes

… a compartir tradiciones españolas desconocidas en esta esquina del planeta…

Cuaderno de Vida: El mayor espectáculo del mundo

Cuaderno de Vida: El mayor espectáculo del mundo

Cuaderno de Vida: juego de sombras chinescas "El circo"

Cuaderno de Vida: juego de sombras chinescas “El circo”

… a hacer desplegables para mostrar un dormitorio en 3D, con un armario que encierra tras sus puertas todos los vestiditos en recortable de la muñequita Abril, a la que puedes vestir y cambiar de modelo tantas veces como te apetezca, o a ambientar el mayor espectáculo del mundo con la sola ayuda de la luz de una linterna …

…a meter en un tren del tamaño de una cuartilla todo un parque zoológico de 60 hectáreas …

Cuaderno de Vie: Huevos de Pascua

Cuaderno de Vie: Huevos de Pascua

Cuaderno de Vida: paseos en bici y Jardines de Luxemburgo en Paris

Cuaderno de Vida: paseos en bici y Jardines de Luxemburgo en Paris

Cuaderno de Vida: Justas en el Castillo de Harcourt

Cuaderno de Vida: Justas en el Castillo de Harcourt

Cuaderno de Vida: visita al zoo Cerza de Lisieux

Cuaderno de Vida: visita al zoo Cerza de Lisieux

… a reducir a un solo folio 15 días de vacaciones repletos de acción gracias al truco de la superposición de capas para recrear un paisaje móvil…

Cuaderno de Vida: la gripe y un día de Andalucía

Cuaderno de Vida: la gripe y un Día de Andalucía

Cuaderno de Vida: manualidades en casa

Cuaderno de Vida: manualidades en casa

… a convertir una semana de gripe, en un mundo infinito de diversión con sólo tirar de la manta…

Santo de Ariel en el Día de Todos los Santos ( la Toussaint)

Santo de Ariel en el Día de Todos los Santos ( la Toussaint)

… a robar horas al sueño, a discutir en voz bajita, a hacer sordas muchas risas, a elaborar grandes tazones de imaginación y a darnos un atracón de ilusión sin empacharnos.  Hemos aprendido mucho, sí. Hemos disfrutado aún más.

Nos encanta pensar que el día de mañana nuestro Ariel abrirá su cuaderno y se reencontrará con esos recuerdos siempre tiernos de su infancia, del mismo modo que ahora Abril ojea de vez en cuando su Libro (fotocopiado del original, puntualicemos) y sonríe al volver a ver las fotos de sus antiguos compañeros.

Un cuaderno que respira, duerme y crece; un libro que visita a muchos amigos y se queda en casa a dormir. En resumen, dos formas geniales de saborear los grandes momentos de la pequeña historia de estos seres increíbles que corretean por nuestras vidas. Dos sugerencias o propuestas que os traigo, no sólo para hacer en el cole, sino también en familia. Un entrañable album de recuerdos.

¿Qué dices que eres? ¿Scout?

DSCF1138

Hace ya unos 32 años que soy Scout, o Exploradora, como prefiráis. Y hace ya unos 32 años que la gente de mi entorno que no lo es me pregunta qué es eso de ser Scout y para qué sirve. Son 32 años dando más o menos la misma explicación desde distintas perspectivas.

La primera vez que me lo preguntaron fueron mis compañeras de colegio y yo tenía unos 10 años. Por aquel entonces estar en los Scouts era, para mí, ir a reuniones y actividades todos los fines de semana, con otros niños y niñas de mi edad y un poco más mayores y menores, donde me divertía enormemente haciendo juegos, canciones, descubrimientos en mi ciudad y en el campo y, sobretodo eran ¡los campamentos de verano! Lugares maravillosos entre pinares, baños en frescas aguas de río, exploraciones por los alrededores, los raids por la sierra, y esconder con mi amiga Ana Belén las chocolatinas que nos traían los padres en los días previstos para sus visitas para ponerlas al resguardo de miradas y deseos de otros Scouts ávidos de azúcar. Claro que también era el “aguacao” del desayuno :-(, pero todo no iba a ser perfecto.

En la adolescencia reconozco que me daba un poco de vergüeza decir que era Scout. Cosas de los 15 años que nos hacen esconder facetas de nuestra vida por miedo a que los demás no nos entiendan o se rían de nosotros. Yo ocultaba que era Scout a mi pandilla como escondía chocolatinas a los 10 años. Nadie de mi edad, salvo mis compañeros Scouts, iba a entender que pasara mi tiempo libre haciendo acciones sociales, comprometida con unos valores y con mi entorno. A esa edad simplemente aprendes a fumar, a besar y a decir tacos.

Con 20 años empecé a contemplarlo como educadora. El escultismo adquiría para mí la dimensión que realmente tiene, como movimiento de educación infantil y juvenil destinado a la formación de ciudadanos libres y comprometidos. Era como ver la maquinaria de un reloj gigante desde dentro, desde su engranaje y adquirí una nueva responsabilidad, la de ocuparme del tiempo libre de otros y la de hacerlo bien, o al menos, lo mejor que sabía, para que ninguna de las dos manecillas de este enorme reloj quedara atascada y alterase el transcurrir natural del tiempo. A mi lado han caminado un montón de niños y niñas por un centenar de rutas en la montaña, hemos jugado juntos, hemos reído, hemos llorado, hemos construído, acampado, cantado, hemos discutido, les he regañado, les he aplaudido… Algunos siguen compartiendo ruta conmigo en esta vida y a otros los he visto marchar al eterno campamento. Todos sin excepción se han convertido en mis amigos, en mis hermanos.

No es difícil explicar qué es esto de los Scouts; existen montones de folletos y de información al respecto. Los que tenéis niños de 6 a 21 años y estéis interesados aquí os dejo dos enlaces de las dos asociaciones mayoritarias en España:

http://www.scout.es/  si te interesa saber qué es y en qué consiste la educación scout.

http://scouts.es/msc-somos/ si te interesa la eduación scout, eres católico y te gustaría que se potenciara también este aspecto de la eduación de tu hijo/a .

Se trata de un movimiento de carácter mundial; no es un invento americano ni unos campamentos aislados que se hacen para entretener a los críos durante las vacaciones. El Escultismo tiene una dimensión y alcance mundial y existen asociaciones Scouts en prácticamente todos los países del mundo; en algunos, como Tailandia, su relevancia es tal que constituye una asignatura en los colegios estatales. Aquí podéis ver, por ejemplo,  qué es la OMMS (Organización Mundial del Movimiento Scout) y haceros una idea del carácter internacional de este movimiento: http://www.wagggs.org/es/about/WAGGGSpartnerships/wosm.

Además de eso tenéis montones de blogs scouts y de páginas de Grupos Scouts por todas partes, desde las grandes capitales hasta los pueblos más recónditos. Particular y personalmente a mí me encanta  este sitio:  http://larocadelconsejo.net/ ,  que es muy seguido y que tiene aportaciones muy interesantes de muchísima gente scout o relacionada con el Escultismo. Por supuesto es una preferencia personal, como digo.

Sí, es fácil explicar qué es esto cuando se conoce. Pero esta entrada no es para contaros qué es, pues ya existen otras webs, blogs y otra gente que lo hace mejor que yo. Lo difícil es contar cómo se siente esto cuando se vive como un Scout. No es para nada una secta, pero sí que es adictivo, lo advierto. Una vez que sabes que puedes encaminar tu vida a hacer algo más que vegetar en ella, que puedes contribuir a crear, a ayudar, a imaginar, a construir, a solucionar, a ser de utilidad, a cambiar el mundo de forma positiva y a “dejarlo mejor que cuando lo encontraste”… una vez que sientes esto, no puedes parar. “Un día Scout, siempre Scout” ; te sientes bien, eres feliz, te gusta, le encuentras razón de ser a muchas cosas y, ante todo, le encuentras sentido y utilidad a tu tiempo en la tierra. ¡Ah!, y también cada vez que vuelves de una acampada te pones pesadísima contándoles a todos lo que has hecho, las anécdotas, la belleza del lugar…

Por este puñadito de razones y mil millones más, mi pareja y yo pensamos que a nuestra hija Abril, que ya ha llegado a la edad mínima para entrar en un Grupo,  también le podría gustar ser Scout, como papá y mamá. Nos enfrentamos a otra perspectiva desde la que abordar el tema: ser padres de Scouts, firmemente convencidos de que le puede ayudar a crecer como persona, no sólo de forma individual, sino como ser social que está en el mundo y que ha de ser actor que lo enriquezca y no mero espectador que se aproveche de él.

DSCF1033

No quiero afirmar que sea un patrimonio exclusivo del Escultismo formar a la persona como un ser comprometido e interesado en lo que le rodea; hay grandes ciudadanos y luchadores en otras asociaciones o sin pertencencia a ninguna. También hay grandes tipos desconocidos sembrando buenas cosas a su alrededor, interactuando en su círculo y mejorándolo. Pero sí quiero destacar que el Escultismo lo consigue, consigue que nos sintamos útiles y agentes activos de cuanto nos rodea, y lleva consiguiéndolo desde el año 1.907 en que a un loco genial se le ocurrió la idea de emplear el tiempo de los muchachos en cosas efectivas y realmente prácticas, un loco que decía cosas como éstas http://www.wikipowell.org/Frases_de_Baden_Powell, aplicables a cualquiera, sea o no un Scout. Es cierto que las circunstancias y necesidades sociales eran otras cuando surgió esta idea, pero el Escultismo ha ido creciendo y desarrollándose a lo largo del tiempo, adaptándose a cada cambio y a cada necesidad y realidad social, lo que demuestra que es algo vivo y cambiante, y de ahí su pervivencia a lo largo de más de un siglo.

Se cuentan numerosos Scouts entre los  grandes personajes de la Historia: el primero, su fundador, Robert Baden-Powell; Neil Amstrong (primer hombre en pisar la luna); Helen Sharman (primera mujer británica en el espacio);  Hergé (el creador de Tintín, personaje basado precisamente en un compañero de su infancia de su propia Tropa Scout); J.K. Rowling (autora de la saga Harry Potter); Jacques Chirac (presidente de Francia del 1.995-2.007); el naturalista David Attenborough; Werner Eisenberg (premio nobel de física alemán); la actriz Emma Thompson; el futbolista David Beckham; el guitarrista de U2 The Edge; gran parte de las primeras damas de los EEUU; los Reyes de varios países, incluidos los Reyes de España Alfonso XII, Juan Carlos I y Dª. Sofía… La lista es grande.  Y en España tenemos Scouts personajes famosos como Niceto Alcalá Zamora (primer presidente de la IIª República Española); la humorista Paz Padilla; el artista polifacético Emilio Aragón; la actriz Belén Rueda; Aznar;  Roberto Iniesta (cantante de Extremoduro)…

Para saber más acerca de la historia del Escultismo podéis ver: http://es.wikipedia.org/wiki/Escultismo y para satisfacer vuestra curiosidad sobre qué famoso se colocó una pañoleta al cuello aquí tenéis un anexo de la wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Scouts_destacados

DSCF1006

No consiste en la imagen ridícula que ponen en algunas pelis yankees de niños vendiendo galletas y completamente forrados de insignias; si un Scout te vende algo es la necesidad de ayudar al más desfavorecido. No consiste tampoco en hacer pruebas de supervivencia sin sentido que te llenen de heridas y cardenales y que luego sirvan para basar un programa morboso de televisión protagonizado por famosillos de medio pelo; un Scout se enfrenta a otras pruebas cotidianamente, como el resto de los mortales, con el añadido de que ha prometido hacer una buena acción diaria, como mínimo. No consiste en hacer cientos de kilómetros con una mochila cargada a la espalda, sin agua y con las plantas de los pies abotonadas de ampollas; el sentido de nuestras rutas no es el sufrimiento, es la superación, el esfuerzo, el compañerismo, la conexión y la comunión con la naturaleza y esas rutas no son sólo camperas: nuestras propias vidas se componen de etapas de una hermosa ruta que hay que saber culminar. Ser Scout, sentirse Scout es esto y un puñadito de miles de millones de cosas más.

¡Largas Lunas y Buena Caza!

 

 

Una puerta hacia la aventura.

El 23 de abril se conmemora el día internacional del libro y con ocasión de esta importante celebración, he pensado en hablaros un poco de una de mis pasiones: el cuento.

Normalmente utilizamos el cuento a la hora de acostar a nuestros hijos. Los metemos en la cama, los arropamos y le contamos un cuento que debido a nuestro cansancio suele ser el primero que pillamos de la estantería.

Lo cierto es que no había reparado antes en la trascendencia de los cuentos hasta que he sido madre y los he empezado a estudiar con más detenimiento: sus clases, su extensión, el lenguaje que emplean, el mensaje que difunden, las ilustraciones…

cuento de la luna

cuento de la luna

El cuento es una maravillosa forma de aprender y, añado, a cualquier edad.

Todo niño debería tener derecho, al menos, a conocer los cuentos tradicionales: los que se transmiten de viva voz, mejor si son contados por la abuelita o el abuelito.  Y dentro de éstos, los clásicos, teniendo cuidado de contar el cuento adaptado a la edad del oyente, porque, no seamos ingenuos, hay cuentos clásicos bastante crueles o tristes que no siempre resultan apropiados. Para mí, uno de estos es “La pequeña cerillera” de Hans Christian Andersen. Contar un cuento a un niño no exige exactitud de palabras ni fidelidad al texto, mucho menos, si el cuento es tradicional, de modo que podemos adecuar el cuento a nuestra audiencia.

Y en la gran galería de cuentos literarios (cuentos escritos y de transmisión a través de la lectura), podemos encontrar absolutamente de todo, porque la imaginación del ser humano no tiene límite.

Los niños más pequeños se extasían ante los dibujos coloristas y de formas grandes y simples. Los libros de texturas despiertan su sentido del tacto; los de grueso cartón o de tela facilitan además la manipulación por parte de los dedos rechonchetes. Los hay con sonidos incorporados que contribuyen a que el niño no pierda la atención en el libro. Algunos incluso pueden ser invitados a la bañera. ¡Cuántas veces habría querido yo que la novela que leía en el momento fuera plastificada para no tener que interrumpir la lectura durante la ducha!… Impresionantes son los cuentos desplegables o “Pop Up”, más apropiados para niños un poco más mayorcitos y cuidadosos, que abrirán ojos como platos cada vez que cojan el libro.

Los cuentos para niños pueden ser enormes o diminutos, y en ambos casos despiertan su curiosidad. Pero en el cuento literario, además del contenido, lo que el niño va a buscar es la ilustración, así que hay que cuidar este detalle del libro que regalamos a un niño. Sobre todo esto ocurrirá en los niños que aún no saben leer. El misterio del contenido lo desvelará un adulto, pero si no le gusta cómo está descrito a través de sus imágenes, el cuento le aburrirá o, directamente, no captará su atención. Ahora, si el dibujo lo atrapa, pedirá enseguida que alguien le cuente la historia.

Los cuentos infantiles, por lo general, suelen ser bonitos y casi todos tienen una indicación que recomienda la edad del oyente o lector, lo cual simplifica el trabajo de selección para los adultos. Pero lo mejor de un cuento es su mensaje y en este punto no podemos ser tan despreocupados.

Es cierto que en la mayoría de las ocasiones cualquier cuento nos serviría para ayudar a dormirse a un niño. Pero ¿se nos ha ocurrido alguna vez utilizar el cuento para enseñarle? Los cuentos son un excelente recurso cuando no sabemos explicar cosas, o cuando a lo largo del día ha surgido una pregunta del niño o un pequeño conflicto que resolver, o cuando queremos que nuestro hijo aprenda valores tales como la amistad, la solidaridad, o conceptos muy abstractos como la autoestima o la empatía…  A veces más vale un cuento con moraleja que  la silla de pensar o una asertividad interminable en el que el niño se pierde a la altura del final de nuestra primera frase.

Otro aspecto al que no damos importancia es el modo en que contamos un cuento. Si tenemos mucha prisa o estamos muy cansados, lo más común es contar el cuento de siempre a modo de letanía átona o leer de corrido el libro sin gran detenimiento y, normalmente, desatendiendo las preguntas de nuestro joven oyente. Esto aquieta nuestra conciencia de padres (ya hemos contando el cuento protocolario, ya se puede dormir) pero no sirve a nuestros hijos más que para darse cuenta de nuestra desgana o desinterés, porque se dan cuenta.

Cuando vemos en acción a los cuentacuentos, a la mayoría de los adultos les parecen gente sin carrera, sin profesión en condiciones, gente que hace el tonto para entretener y que tiene un trabajo simple y divertido, o pocas ganas de trabajar de verdad, y seguro que alguien piensa que “eso no es un trabajo serio, digno”. Pero cuando un niño ve a un cuentacuentos en acción lo que ve es a una persona mágica que ha conocido miles de cosas sorprendentes y, a veces, el espectáculo que se sucede al propio espectáculo del cuento, es el protagonizado por un montón de niños que formulan nerviosos y atropellados miles de cuestiones a esa persona “poco seria y sin profesión”, pero que suele ser la persona que nuestro hijo acaba de escoger para preguntar por qué las luciérnagas pueden iluminar el bosque en la oscuridad. Y lo que realmente hay, es un adulto preparado, que ha hecho un montón de cursos carísimos y ha dedicado un montón de horas de ensayo, de modulación de la voz, de puesta en escena, de educación postural y expresión corporal, de tramoya, vestuario, maquillaje y decoración, que ha investigado los cuentos que cuenta con mucho cuidado y cariño, que puede que hasta los haya creado él mismo y que tiene esa capacidad de conexión oral y de escucha del niño que a muchos de nosotros, padres, nos gustaría y necesitamos  tener.

Estamos tan equivocados acerca de los cuentos y sus narradores. En algunos lugares, como aquí donde vivimos, hay cuentacuentos que simplemente intentan contagiar su amor por la lectura y los libros, sin esperar a cambio más que el interés de los niños por la literatura. Es el caso de la asociación francesa “Leer y hacer leer” .

Habrá quien resignadamente diga “es que yo no tengo gracia para esto”. Y yo contesto  siempre lo mismo: “es que todo el mundo tenemos capacidad de aprender cosas nuevas, como por ejemplo, contar bien un cuento”. No todo estriba en distorsionar nuestra voz para dotar de personalidad al personaje; hay muchos más recursos.

Podemos cambiar las voces de los protagonistas, pero también colar canciones en mitad del relato. El cuento de “La lechera” tiene una bonita canción en que la aldeana nos narra sus anhelos de prosperar; en “Garbancito” también puede cantarse la canción “Pachín, pachín, pachín” e, incluso, tiene una pequeña poesía para cambiar el ritmo del cuento en el momento en que se lo traga el buey; otra canción escondida tiene el cuento “El enano saltarín”, también conocido como “Rumpelstinsky”.

Podemos contar el cuento con efectos de luz gracias a una linterna que amenizará los más bellos relatos de magia. O, hablando de luces, podemos hacer los personajes en cartulina, pegarlos a un palito de brochetas, apagar la luz del dormitorio de nuestros hijos e improvisar un teatro de sombras chinescas proyectado contra el techo.

Podemos pintar caras con diferentes expresiones en las yemas de nuestros dedos y crear cinco personajes que nos ayuden a contar el cuento esta noche.

Podemos, cuando son un poco mayores, invitarlos a compartir la lectura, leyendo un trocito la niña y otro el papá. Podemos contar cuentos inventados sobre la marcha donde comience la mamá y siga el niño, y conseguir así trabajar nuestra creatividad y la suya.

Podemos escoger el cuento con antelación en función de lo que queremos que nuestros hijos aprendan. Será más fácil cuánto más hayamos leído nosotros, pero también será un ejercicio de aprendizaje para quien no tuvo oportunidad de leer mucho. Un cuento no es una cosa baladí, es un instrumento de transmisión y como tal deberíamos utilizarlo, y saber utilizarlo. Por otra parte, he oído a demasiadas “personas grandes” decir que la lectura no les gusta porque el primer libro que leyeron era tedioso, cuando debería ser justo lo contrario. Por eso es bueno saber seleccionar y recomendar las primeras lecturas de un niño; debemos encargarnos de crear en él la ilusión y la certeza de que desde el momento en que abrimos la cubierta de un libro, estamos traspasando también el pórtico hacia un universo inexplorado y comienza una apasionante aventura. Acordémonos de cómo Lewis Carroll (Charles Lutwidge Dodgson, en realidad) hace descender a Alicia por una madriguera hasta el País de las Maravillas o de cómo acceden Peter, Susan, Edmund y Lucy a Narnia a través de un armario olvidado en el desván; ambas son alegorías de cuán fascinante puede ser abrir una puerta a lo desconocido, abrir un libro y dejarse llevar por la ensoñación.

Llevar a nuestros hijos a las bibliotecas infantiles, a cuentacuentos organizados en nuestra ciudad o en lugares cercanos a ella. Acompañarlos al teatro o a algún espectáculo callejero. Todo esto son recursos a nuestro alcance que van a entusiasmarles pero que van a ayudarles porque les dotan de herramientas interesantes para su crecimiento.

He visto en el mundo de los cuentos cosas realmente fantásticas: artilugios como el “kamishibai”, una especie de teatro manual y portátil muy utilizado en la tradición japonesa; el “raconte-tapis”, donde el contador de relatos extiende una manta en el suelo que encierra toda la magia y los personajes del cuento y que los propios niños pueden manipular a su antojo; marionetas hechas con calcetines viejos, “muppets”, guiñol clásico; malabarismos y funambulismos. Toda suerte de artilugios destinados a trovar historias asombrosas. Pero en casa, existe también todo esto y si no, podemos crearlo a nuestra conveniencia, con más sencillez pero igual efectividad.

Pero, ante todo, no convirtamos el cuento en un ritual sin más sentido que relajar al niño antes de dormir. Pensemos que el cuento es literatura y es cultura, no lo subestimemos.

Y ahora, ¿a quién le apetece un cuento?

Este cuento me encontró a mí hace poco en la Mediateca de la ciudad donde vivimos y al leerlo descubrí en él a mis dos hijos y su relación de hermanos, que es como la de todos los hermanos, un tira y afloja de peleas, juegos, complicidad y mucho amor. Lo leímos en francés, idioma en el que se halla escrito el ejemplar que vimos, y fuimos haciendo su traducción simultánea. Se titula “Les deux petits monstres”  y el texto es de Michaël Escoffier, un señor que ha declarado que escribe para niños porque los adultos le aburrimos profundamente. Os lo recomiendo, en especial, a todos los que tenéis más de un hijo; es muy útil para aplacar discordias en aquéllas casas donde un día decidimos que con uno no bastaba 😉 y abrimos la caja de los celos y del compartir.

Para despedirme por hoy y si me permitís el consejo: no olvidemos también que un niño que  cree en dragones, hadas o Papá Noël no va a ser un ingenuo medio lelo y fácil de engañar; probablemente será un adulto imaginativo y capaz de encontrar más de una solución a un mismo problema, porque habrá ejercitado su capacidad de inventar y crear a su alrededor. No les hagamos renunciar a su mundo infantil para que “madure” antes de tiempo, más bien, intentemos disfrutarlo nosotros también: ascendamos a su universo de fantásticas criaturas aunque sólo sea  durante un ratito cada atardecer.

Colorín, colorete, por la chimenea sale un cohete!!!