Archivo de la etiqueta: regalo

El ruidito del erizo. Música y almas.

Ariel y la rueda de palos de lluvia

Ariel y la rueda de palos de lluvia

Vengo de un lugar donde siempre se han escuchado dulces voces femeninas  en un volumen muy bajito, al vaivén de una antigua mecedora, al ritmo de su crugido, donde todos los niños de todas nuestras generaciones sueñan sintiendo la cadencia cansina de las nanas. Vengo de un lugar donde mi madre convirtió en rey de la casa a un piano de pared negro que nos reunía a todos en derredor para cantar a varias voces el “Estrella Azul” en la Nochebuena. Vengo de un lugar donde al piano se unirían más adelante guitarras, flautas, harmónicas, teclados electrónicos, arpas vocales, castañuelas, panderetas, cajones flamencos, botellas de anís y todo lo que tuviera un sonido medianamente aceptable; donde sentarse en la misma cama dos, tres, cuatro o los cinco hermanos y hacer un homenaje improvisado a Silvio Rodríguez, Pata Negra, El Ultimo de la Fila o Kiko Veneno, era mucho más habitual que pedirnos perdón en una disputa fraternal… De hecho, creo que es más fácil encontrarnos cantando juntos que haciendo cualquier otra cosa. Sigue leyendo

Un nombre es el primer regalo.

El reciente nacimiento de la hija de unos amigos me ha hecho volver a pensar en el modo o el motivo por el que elegimos un nombre para nuestra hija o hijo. Cada padre o madre tiene sus razones para proceder; todas respetables.

Hay quien lo elige por tradición familiar y, así, heredamos los nombres de abuelos, abuelas, padres o madres. Personalmente nunca me ha gustado esta costumbre, puede crear la expectativa sobre el niño de que se asemeje en algo al pariente del que hereda el nombre y, si dicho pariente ya está difunto, incluso me parece un tanto morboso. También se corre el riesgo, si la familia es prolífica, de saturar el número de Juanes o Marías, de forma que cada vez que en una celebración familiar llamas a uno, contestan siete, con lo que es obligado adjuntar al nombre el apellido y, de esta manera, convertir la llamada en una fórmula quasi burocrática: ¡Mª del Carmen Gutiérrez! ¡Qué te estoy llamando! Esto además lleva intríseco cierto temor infantil a la reprimenda porque ¿a quién no le ha llamado su madre por sus dos nombre y el apellido? Automáticamente piensas: “Me la he cargao”. Sigue leyendo